martes, 23 de julio de 2013

PRIMER CAPITULO: INTRODUCCIÓN

Estimad@s fieles y creyentes, esta carta va dirigida a tod@s las personas que creen en Dios y son discípulos verdaderos del señor.
No tengo pruebas tangibles, porque yo como ustedes pensaba que la Iglesia era la casa de Dios.
Mi historia comienza al querer ser sacerdote, porque tuve una certeza de que Dios me llamaba para una misión:
Me recibió un hombre, joven, alto, guapo, buena presencia y el primer día te toma notas de lo que dices, sino perteneces a la mafia corrompida comienzan las entrevistas fuertes y desconfianzas hacia tu persona. Es cierto, que hay gente que se ordena (o prefiere mirar para otro lado) y no se da cuenta de lo que hay a su alrededor, pero ellos ya saben a quien meten dentro y a quien no.
No se habla de Dios sino que van a por ti, en mi caso, incluso pagaron a prostitutas para que me tirasen los tejos, con la intención de que picara. Te envian gente de todo tipo, personas que no conoces se meten en tu vida y cualquier cosita que dices la sacan a relucir. Es una persecución estilo la GESTAPO.
Comienzo a pensar que la casa de nuestro padre se ha convertido en una cueva de mafiosos, maricones, narcotraficantes, pedofilos, etc... claro, no todos son así, como dije antes no interesa los que piensan ni los que no pueden teledirigir. Hay gente muy buena y de ellos se sirven, arriba está el poder que desde luego no viene de Dios.

Ahora depende de ustedes, seguir creyendo en la buena voluntad del espíritu santo o limpiar la casa de Dios de ladrones.

Yo, ya no podré hacerlo porque no me dejaran entrar en sus dependencias y grabar las inchoherencias, los maltratos psicologicos, etc... pero se debería investigar esto y muy seriamente.

Sinceramente, creo que el fin del mundo está cerca. A mi el padre me llama para hacer una misión y me encuentro con esto. Nadie lo cree, piensan que estoy majareta, que soy muy gracioso, muy majete.
Espero poder hacer camino por algún sitio que no esté corrompido y desde ahí hacer mi lucha particular.

Atentamente un discípulo de Cristo Ntro. Señor